“El mejor equipo cubano de la historia desertó antes de crecer”

En diciembre de 2001 el equipo nacional cubano de voleibol viajó a Bélgica con 12 jugadores. El país caribeño tenía en esos momentos un team inmenso: un mes atrás, por primera y única vez, habían sido Campeones de la Súper Copa del Mundo. Viajaron a Bélgica para un concentrado, pero la sorpresa fue mayúscula al final de su estancia: a la Isla solo regresó la mitad de los atletas.

Ídolo Gilberto Herrera, “el Venado”,  fue el entrenador de ese conjunto. Después de la deserción de los voleibolistas, a él lo separaron de la selección nacional. “Especulo que fue porque los muchachos no regresaron, solo eso pudo ser. Tenía un aval de resultados que me respaldaba; pero no me dieron argumentos convincentes cuando me hicieron renunciar”, cuenta Herrera

El Venado había alcanzado todas las medallas del área (Centroamericanos, Panamericanos, NORCECA) e incluso tenía la única presea olímpica del voly masculino, un bronce en Montreal ‘76. Había dirigido selecciones nacionales europeas, y llegó a ser —dice— el entrenador que más ingresos aportó al INDER por contratos en el extranjero.

Hoy es Doctor en Ciencias y Profesor Titular de la Universidad de la Cultura  Física y el Deporte. Está convencido de que por la ausencia de sus seis pupilos, pasó 15 años separado de la selección nacional.

“Recuerdo la competencia de noviembre de 2001. Le ganamos 3-2 a Brasil, quien había tenido una temporada de ensueño, sin derrota alguna. Eran los favoritos, pero Cuba llevó el partido hasta el quinto set y nos llevamos la victoria. Nadie se lo esperaba. Cuando se acabó el partido, el entrenador de la nación sudamericana me preguntó cómo habíamos logrado ganar. Yo solo le dije: trabajando mucho.  Teníamos un equipazo que apenas se estaba formando. A esos muchachos les esperaban grandes cosas. El mejor equipo de voleibol cubano desertó antes de crecer”.

-Algunos afirman que aquellos atletas (Ángel Dennis, Ihosvany Hernández, José Luis Hernández, Yasser Romero, Leonel Marshall y Ramón Gato) decidieron no regresar por cuestiones económicas, atrasos de pagos… ¿Es cierto?
-Los motivos por lo que desertaron solo ellos pueden  explicarlos. Algunos comentaban que se les debía dinero de competencias anteriores. En lo personal no puedo testificarlo. No estaba al frente de la selección en esos momentos a los que se referían. En cambio sí puedo confirmar que tras la Súper Copa de Europa se les pagó de inmediato. Quizás no lo que esperaban o lo que cobrarían hoy con las nuevas políticas de pago. El premio de la competencia eran 400 mil dólares y recibimos el 8 por ciento para dividirlo entre todo el equipo: entrenadores, directivos, jugadores, médicos…

Después de lo sucedido en Bélgica me dijeron que pasaría a otras funciones, que el elenco sería reconstruido y que yo tenía demasiado nivel como entrenador para estar con una nómina en formación.  Desde que lo escuché supe que era una mentira, un pretexto, y muy mal elaborado. Si a un equipo hay que construirlo, entonces necesita un buen técnico al frente.

Esa decisión fue un castigo, una manera de hacerme pagar por el abandono de los seis jugadores. Me castigaron 15 años por la deserción de mis atletas.  Y a pesar de que siempre estuve dispuesto a volver a entrenar y de mis resultados, nunca me llamaron.

Todo este tiempo fui viendo la atroz caída de rendimiento del voleibol masculino en Cuba. Pasamos de estar entre los cuatro grandes a no ganar nada. En 1998 fuimos medallistas en el Campeonato del Mundo y cuatro años después ocupamos el lugar 21. Es claro el retroceso.

Íbamos en picada hasta el 2008 cuando Orlando Samuel, al frente de un grupo  de jugadores muy talentosos, empezó a ganar de nuevo, pero por diversos motivos volvió a caer la curva de rendimiento. En los últimos tiempos no ganábamos ni en el área. Ahora la primera victoria importante en el quinquenio actual ha sido la reciente clasificación para los juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

-Precisamente a este elenco recién clasificado usted se incorporó como uno de los entrenadores, pero luego de la clasificación decidió retirarse del colectivo técnico. ¿Por qué tomó esta decisión?
-Un equipo necesita una dirección que se conduzca en un mismo sentido. En lo personal no contemplo un entrenador que no se supere. Y algunos no están interesados en hacerlo.

Nosotros no tenemos los laboratorios especializados o la infraestructura de países desarrollados. Lo único que poseemos es el recurso humano, ese hay que potenciarlo. Pero esta es mi óptica, no la de todos. Y para que no hubiese diferencias de criterios decidí apartarme.

Desde que tengo 12 años mi vida ha sido el voleibol. Por eso me duele que  un deporte tan glorioso, que repletaba el coliseo de la Ciudad Deportiva, haya desaparecido 16 años de los Juegos Olímpicos y se haya empobrecido tanto.

-¿Considera que la decisión de numerosos jugadores de abandonar el país  sea la principal causa de ese empobrecimiento del que habla?
Las deserciones influyen bastante, y también los motivos  económicos, pero más allá de eso han faltado personas preparadas para dirigir y entrenar. Hablo de los que están en  la cancha y también de quienes rigen la Federación Nacional. Alguien que no haya trabajado nunca con un atleta no debería dirigir.

“Ahora mismo no tenemos grandes entrenadores de voleibol, con un perfil amplio, como tampoco contamos con suficiente personal que enseñe a estos entrenadores. Y eso no es nada halagüeño para el futuro de este deporte en Cuba.”

Gilberto Herrera estuvo en la delegación que hizo la travesía a los juegos centroamericanos de Puerto Rico, 1966, en el buque Cerro Pelado. Es uno de los fundadores de la escuela cubana de voleibol y siempre se ha definido a sí mismo como “un producto de la Revolución”.  Hace 15 años no lo llaman como entrenador principal de la selección cubana, y aunque diga que no le preocupa mucho, la frustración se siente.

“Hay cosas que yo he hecho que no me las puede quitar nadie. Soy un hombre feliz, pero a veces duele no estar donde sé que puedo ofrecer”.

FUENTE: oncubamagazine.com

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