FIVB World League: La ilusión argentina, más viva que nunca

Por Juan Manuel Collazo.- No fue una Liga Mundial más para la Selección Argentina. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro están a la vuelta de la esquina y el entrenador Julio Velasco decidió tomar esta competición como banco de pruebas de cara a la gran cita de agosto, el principal objetivo del año. Aunque no pudo alcanzar el Final Six, consiguió tres resultados sumamente resonantes ante Rusia, Serbia y Francia que le dan al equipo otra perspectiva: la ilusión de colgarse una medalla en el pecho, algo que sucedió por única vez en Seúl 1988.

La ausencia de Facundo Conte, quien no formó parte del torneo por una molestia en su hombro derecho tras una exigente temporada en el PGE Skra Bełchatów polaco, parecía que iba a reducir las chances de la Albiceleste, pero no fue así: su reemplazante Cristian Poglajen tuvo un rendimiento excelente y logró paliar la ausencia de El Heredero. Además, el regreso del líbero Alexis González le aportó un plus en defensa y recepción, Luciano De Cecco no se cansó de desplegar su magia en el armado y los centrales Pablo Crer y Sebastián Solé, como de costumbre, demostraron que son de los mejores del mundo en su puesto.

Con este panorama, Velasco tiene un dilema: ¿equipo que gana no se toca o Conte le puede dar un plus dentro y fuera de la cancha a esta Selección? Está claro que es uno de los mejores puntas-receptores del planeta y su rodaje en la PlusLiga de Polonia y en la CEV Champions League le permite tener un roce tan interesante como necesario. Al mismo tiempo, tenerlo en el banco de suplentes puede no ser fácil y su inclusión podría, o no, romper ese juego colectivo y ese buen rendimiento que alcanzaron Poglajen y Nicolás Bruno en la punta o Ezequiel Palacios y Bruno Lima en el rol de opuestos.

El propio Lima es otra de las grandes y gratas sorpresas que dejaron estos tres fines de semana en Río de Janeiro (Brasil), Łódź (Polonia) y Teherán (Irán). Con sólo 20 años, el sanjuanino no desentonó en medio de las grandes estrellas y se adaptó rápidamente a un puesto del que no es habitual.

La victoria sobre Francia por 3-2 le dio una confianza impresionante a la Selección, que llegaba con cuatro caídas al hilo (Brasil, Estados Unidos, Irán y Polonia). Este envión se notó en el duelo contra Rusia, a la que barrió en sets corridos y cortó una racha de 26 años sin victorias, mientras que después se llevó puesto al poderoso Serbia por el mismo marcador. En ninguna derrota fue superado de manera contundente, a excepción del duelo ante Brasil. Le jugó a todos de igual a igual prácticamente en todos los sets.

Sin embargo, un punto a mejorar son los duelos con Irán, conocido a la perfección por Velasco (“fundador” de la actualidad del vóley en dicho país) y conducido Raúl Lozano. Los asiáticos vencieron a Argentina en dos oportunidades (fue el único rival que repitió) por 3-2 y, paralelamente, son el primer escollo a superar en el Grupo B de los Juegos Olímpicos. En esos dos encuentros, los detalles inclinaron la balanza de forma negativa, pero el combinado nacional tiene material de sobra para festejar.

La base que se fogueó en Londres 2012 de la mano de Javier Weber creció y la madurez ahora se nota dentro de la cancha, con rendimientos cada vez más altos y constantes. Algunos nombres pueden variar y en Río todo será cuestión de hacer los deberes en la fase de grupos, donde la Selección chocará con Polonia, Rusia, Irán, Cuba y Egipto (estos dos últimos, en principio más débiles), para luego tratar de tener un buen día en un hipotético cruce de cuartos de final, el partido clave para pasar a la lucha por las tan ansiadas medallas. La ilusión está más viva que nunca.

Foto: Prensa FIVB

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