El cubano Rolando Cepeda, liberado de la cárcel y en Cuba

PlayOff Magazine – Rolando Cepeda, el antiguo capitán del equipo nacional masculino cubano de voleibol y condenado a dos años y medio de prisión por violación en Finlandia, ya cumplió su condena —reducida a dos años y seis meses— y está en Cuba. Pero nadie parece haberse enterado, ningún medio ha mencionado que el espirituano recorre las calles de su ciudad natal. Y no es porque Cepeda se esconda, porque el exjugador es visitante VIP del Nacional de Voleibol que se juega por estos días en la Sala Yara del Yayabo.

Lo que no sucede en ningún país con condenados por violación —ni siquiera en Cuba que es la meca del absurdo—, ha sucedido con Cepeda, a quien reciben, con abrazos y júbilo, el público y ex colegas. Ahora él mira a los toros desde las gradas, en los puestos reservados a las glorias deportivas y autoridades políticas. Cepeda es un VIP, aunque cargue el lastre de una prisión en Finlandia. Eso no lo atormenta. Sonríe, y conversa todo el partido con el otrora líbero del Cuba, Keibel Gutiérrez. Los dos coincidieron en el equipo grande, aunque Gutiérrez no estaba cuando los tristes acontecimientos del 2 de julio de 2016, en aquel hotel de Tampere.

Pero no solo con Gutiérrez habla Cepeda. Desde la cancha, los jugadores van y le estrechan la mano, incluso algunos consiguen un punto y le apuntan en plan “lo hago mejor que tú”. Todo es broma en la tarde del ex capitán. Diez meses antes, estaba cabizbajo, de camisa blanca y pantalón rojo en el juicio en su contra. Quien no le sonríe, y está lo suficientemente lejos de él, al menos en apariencia, es el actual DT cubano, Nicolás Vives. No sería la primera cabeza de un seleccionador que se lleva Cepeda. El escándalo de Finlandia, le costaría el puesto a toda la dirección técnica de entonces. El espirituano, junto a los otros cuatros integrantes del equipo que fueron acusados, tuvieron que indemnizar a la víctima con más de 27 mil dólares.

Cepeda ha subido libras, una incipiente barriga lo delata. Pero está ahí, en el palco VIP, aunque en 2016 su Federación Nacional había afirmado que sus actos estaban “totalmente ajenos a la disciplina, el sentido de honradez y respeto que rigen nuestro deporte y la sociedad”. Muy lejos están ahora esas palabras a La Gazzetta dello Sport, lamentándose, con aquello de “todo se esfumó por una absurda ligereza” o “nos confiamos. Lo arruiné todo en una noche. Nosotros los cubanos actuamos mucho por instinto, las cosas fáciles a veces cuestan carísimo.” Todo ello decía, cuando todavía en Cuba, algunos hablaban de conspiración “del imperialismo”.

Al menos, en apariencia, a Cepeda no le duele todo el daño moral (y real) que le hicieron a un prometedor equipo Cuba, ni a aquella mujer que sin medias tintas bajó a la recepción del hotel y llamó a la policía desde ese sitio. ¿Es eso, o es puro maquillaje?

Al final de la tarde Cepeda se queda solo, mira al taraflex y no se ve. Lo que es peor, no se verá.

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