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En el voley femenino, cuestionarse también se entrena

Por Florencia Corradini – La consigna por la profesionalización abre un abanico de problemáticas que no sólo tienen que ver con lo económico. El debate, la resistencia y el ejercicio de romper con lo establecido.

Pasaron menos de diez minutos para que una publicación de la cuenta del Colectivo Doble Cambio, se replicara entre cientos de historias y los retuits se viralizaran entre quién sabe cuántos inicios de Twitter

Otra vez, las redes se convirtieron en el canal expansivo para dar voz a la iniciativa por la igualdad de derechos deportivos entre jugadoras y jugadores en el vóley argentino.

Esta vez, un dato que expuso una diferencia desmesurable: “¿Sabías que las jugadoras ganamos diez veces menos de lo que ganan los varones?” publicaron las representantes del colectivo que reúne ex y actuales jugadoras, comunicadoras, entrenadores y allegados al deporte.

No fue novedad. Las respuestas y refutaciones se hicieron presente. Es la lógica de exponer contenido en las redes y claro, también el derecho a expresarse con el que cuenta cualquier usuario.

“¿De dónde sacó esos datos el Colectivo?”, se alcanzó a leer al scrollear. El cuestionamiento tiene lógica. Son épocas de “fakeoffice” y si algo debemos demandar es veracidad.

Lo cierto es que según cuentan quienes integran el Colectivo, los datos fueron recabados a través de encuestas a jugadoras y jugadores de las máximas ligas del vóley argentino con la meta de cuantificar la desigualdad. Esto se explica en que el imaginario del vóley, se conoce que existen disparidades como en otros deportes u ámbitos laborales incluso, pero si se pretenden formalizar demandas antes entidades oficiales, registrarlo en cifras es necesario.

A través de esas encuestas, cuyos datos son representativos de aquellos jugadores que respondieron, se pudo conocer por ejemplo que, si los ingresos en las ligas se promediaran de manera mensual, los jugadores percibirían por mes $35.185 y las jugadoras $3507.

También se accedió a la información que el 91% de las jugadoras que hoy cobra algún ingreso por competir en Liga Argentina Femenina no llega al Salario Mínimo Vital y Móvil. Y entre otras cosas, que casi el 80% de estas jugadoras no posee ningún tipo de acuerdo contractual que garantice una prestación laboral con la institución.

La consigna por la profesionalización del vóley femenino en Argentina tiene un largo camino por recorrer y la disparidad económica quizá sea el dispositivo más tangible de mecanismos que instauraron en un sistema más complejo.

Con este escenario, cabe preguntarse cuál es la incomodidad más genuina: ¿el origen de los datos o la posibilidad que lo invisible se haga visible?

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