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Dura reflexión de De Cecco a 3 meses del bronce olímpico: “Nada parece haber cambiado”

El armador y capitán de la Selección Argentina en la conquista de la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020+1, Luciano De Cecco, redactó una columna en su sitio web donde destacó que a 3 meses de uno de los logros más importantes del vóleibol argentino “nada parece haber cambiado”. ¿Cuándo despertarán los directivos?

Por Luciano De Cecco – Quienes somos parte de la Selección desde hace largos años solíamos decir que, si no lográbamos un resultado histórico, el vóley argentino de alto nivel iba a desaparecer. Hace apenas unos días se cumplieron tres meses de haber conseguido la inolvidable medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio y, lamentablemente, nada parece haber cambiado. Los mismos interrogantes se repiten una y otra vez.

Hacía falta un resultado imborrable, creíamos. Pero la realidad parece desmentirnos. Ni siquiera una medalla olímpica alcanzó. ¿Qué cambió desde entonces? ¿Qué se transformó desde ese día inolvidable en que nos subimos al podio en Japón?

Las preguntas repiquetean cada vez más. No puedo dejar de hacérmelas. ¿Qué ganó el vóley además de la medalla? ¿Por qué no se ve ninguna transformación?

La efervescencia pareció durar apenas un mes. Las redes sociales explotaban, el rating tuvo picos históricos, varios jugadores se hicieron conocidos y tuvimos muchísimas entrevistas en televisión, radio y medios gráficos y digitales. ¿Qué quedó de todo eso? ¿Por qué no se capitalizó de otra manera? ¿Se hicieron las suficientes gestiones para explotar al máximo ese logro?

Si bien las comparaciones no siempre son justas, ¿por qué en las principales avenidas de Buenos Aires o en los ingresos a la CABA solían colocarse gigantografías de Las Leonas, Los Pumas o de la Generación Dorada de básquet cada vez que hacían algo importante y nosotros pasamos inadvertidos para el gran público? ¿Qué nos falta para tener nuestra gigantografía? ¿Por qué el vóley no está a la altura de otros deportes cuando acabamos de conseguir la segunda medalla olímpica de nuestra historia?

¿Todo eso ocurre porque la FeVA no tiene un departamento de marketing o comercialización que pueda llevarnos al siguiente escalón? ¿Es realmente que el vóley no impacta como impactan otros deportes? ¿A los medios de comunicación no les interesa el vóley porque no les da rating o clics? ¿Los seguidores del vóley –los de toda la vida y los nuevos- no encajan en las necesidades de los sponsors y anunciantes? ¿Hay otros motivos que ni siquiera conocemos?

Me encantaría conocer algunas respuestas, poder entender, saber si esto puede cambiar en algún momento o si deberemos resignarnos a que todo se mantenga como siempre.

De hecho, me resulta paradójico y hasta extraño que la FeVA no haya hecho alguna cena de gala, un agasajo o un partido homenaje una vez que volvimos de Tokio con esa inolvidable medalla de bronce que tanto disfrutamos.

Siento que perdimos una gran oportunidad, quizás única, de romper la burbuja del vóley y llevar nuestro deporte hacia otro público. ¿Estamos preparados para dar ese salto? ¿Se está trabajando para conseguirlo? ¿Hay planes para lograrlo? ¿Tenemos gente capacitada para intentarlo? ¿Hay que salir a buscar a esas personas idóneas?

Se vuelven a acumular preguntas que no son retóricas. Insisto, me gustaría poder debatirlo y que nos demostraran que hay muchas respuestas a esos interrogantes: respuestas reales y palpables.

Por estos días me vuelvo escéptico y desconfiado, quizás porque estamos acostumbrado a que nada cambie demasiado y que sólo el amor por la camiseta nos haga olvidarnos de todas las limitaciones que tuvimos y que podríamos estar volteando ahora mismo. Sé, por supuesto, que contamos con el apoyo del ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) y que hay gente que se involucra y lucha con uñas y dientes, como el mánager de la Selección, Facundo Rizzone. Sin embargo, siento que no alcanza, que podríamos estar viviendo transformaciones profundas.

Rápidamente encuentro un ejemplo que reafirma lo anterior: como los jugadores queríamos que la gente pudiera tener las mismas camisetas que utilizamos en Tokio, los integrantes de la Selección le hicimos una propuesta a la empresa Sonder y de ahí surgió la campaña que muchos conocen: pueden comprar nuestras camisetas personalizadas y, con parte de ese dinero, se donarán kits de redes, pelotas y bolsos a clubes y entidades educativas. ¿A nadie se le había ocurrido una movida así? ¿Tuvo que salir de los propios deportistas esa iniciativa para que se masifiquen esas camisetas que son eternas en nuestra piel y en nuestros corazones?

Quisiera pensar que el bronce fue el hermoso sacudón que tanto esperamos para que nuestro vóley de alto nivel no se hundiera. Quisiera pensar, también, que apareció el trampolín que necesitábamos. Sinceramente, me cuesta muchísimo. El amor por la Albiceleste no es comparable con nada, pero a veces el desánimo nos gana su partido. Es así y no puedo ocultarlo ni mirar para otro lado.

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