Javier Weber era suplente de Goycochea y le dijo ‘no’ al Bambino Veira para dedicarse al vóley

Javier Weber desde el Club Ciudad de Bolívar

Por Juan Manuel Collazo, en TyC Sports El técnico de Bolívar, medallista de bronce olímpico en Seúl 1988, eligió ser armador pero tuvo grandes chances de pararse bajo los tres palos en el Monumental. Un día llegaron dos telegramas a su casa, uno para la Primera del Millonario y otro para la Selección, y decidió seguir con el deporte que lo consagró.

Sentado en una de las mesas del buffet del Club Ciudad de Bolívar se toma un café como en su casa, pero en realidad es su hogar adoptivo. Javier Weber, entrenador del primer campeón de la Copa Libertadores de Vóley, tuvo otra casa: pasó un largo tiempo en las entrañas de River, donde tuvo que tomar una decisión fundamental para su vida: seguir como armador o dedicarse a ser arquero en el fútbol.

La imagen habla por sí sola. A fines de los ’70, en el arco del Monumental que tiene a sus espaldas el Río de la Plata, hay un chico junto a Amadeo Carrizo, gloria del Millonario y la persona que más veces defendió esa camiseta (520 partidos). El Weber de nueve años “tenía condiciones” y por eso lo mostraban junto al más grande de la historia del conjunto de Núñez en el puesto.

Javier Weber junto a Amadeo Carrizo

– ¿Qué te acordás de ese día?
– Esta foto era para la Revista River. Amadeo en ese momento era el técnico de los arqueros de las Divisiones Inferiores. Yo todavía era de las Infantiles, era muy chiquito. Con él siempre tuve una excelente relación, lo vi hace poco y se acuerda de todo. Por mi presente en el vóley siempre se acordó de mi pasado en el fútbol. Es un excelente tipo, ídolo del club del cual yo soy hincha. Todos aprendimos mucho.

Carrizo, hace casi 20 años en Olé, lo definió: “Tenía muchas condiciones. Es por eso que me fijé en él cuando era muy chico. Si bien no sobresalía por su altura, se destacaba por su inteligencia para ubicarse en el arco. Sabía atenazar la pelota y, cuando salía, le achicaba muy bien los espacios a los delanteros. Su padre me pedía que le enseñara los secretos del puesto, y yo le decía que iba a llegar lejos en lo que se propusiera”.

– ¿Quién te lleva a jugar al fútbol en River?
– Empecé a jugar al vóley a los siete años y a los nueve me fui a probar. El técnico era Ramiro Pérez y las pruebas se hacían en los Bosques de Palermo. Armaban los arcos con dos fierros o dos bolsos. Me acuerdo como si fuese hoy, fui con dos amigos más y quedé yo solo.

Javier Weber junto a Amadeo Carrizo

– En ese momento, entre el vóley y el fútbol, ¿cuántas horas pasabas en el club?
– Entrenaba de 14 a 18 en el fútbol y de 18 a 23 en el vóley. Así me fue en el colegio también… (risas). Pero era un momento hermoso en el que el club era parte de nuestras vidas. Llegué a hacer casi todos los deportes. Básquet, taekwondo, handball, tenis… Vivíamos en el club porque también mi familia era parte.

Y en ese “vivir en el club”, Weber compartió entrenamientos y partidos con muchos que brillarían con la redonda en los pies en el futuro. “Tengo una excelente relación con Pedro Troglio, que no era de mi categoría pero entrenábamos juntos. Me acuerdo de (Claudio) Caniggia también, que es categoría ’67 y yo ’66. Volaba, ya se veía la habilidad que tenía, pero si venía un viento fuerte se lo llevaba. Pasaron muchos, algunos que han llegado y otros que no”, cuenta.

– ¿Y de los técnicos qué recordás?
– Jorge Dominichi (ex-defensor, fallecido en 1998) era mi DT y no quería que jugara al vóley. Era súper exigente y me decía ‘yo no quiero que juegues’. Se hacían las 18, me cambiaba y me iba corriendo. Él me seguía por el anillo y yo me escondía en el cuartito del vóley, entonces él entraba y empezaba a preguntar pero nadie sabía nada. A la media hora salía y me metía en la cancha.

– Entonces la intención era que llegaras a Primera en el fútbol.
– Mi viejo quería que elija el arco, pero a mí me apasionaba el vóley. El placer que sentía cuando jugaba superaba al del fútbol. Hice las dos hasta que pude. Han coincidido muchos partidos y optaba por el fútbol, pero cuando tuve que tomar la decisión elegí el vóley.

Un día iba a tener que elegir y lo sabía. Ya había debutado en la Primera del vóley y estaba detrás de Sergio Goycochea en la Reserva. A la casa de los Weber llegaron dos telegramas con poco tiempo de diferencia, mientras él disfrutaba de unas vacaciones en Mar del Plata. En aquel febrero de 1985, el cartero del Correo Argentino tocó la puerta dos veces: primero con la citación a la Selección Argentina juvenil de vóley y después con la convocatoria de River.

“Fue el 14 de febrero, no me voy a olvidar jamás. Uno era para presentarme en el Cenard y el otro para viajar a la pretemporada en Villa Gesell con el equipo de (Héctor) Veira. Y yo fui al Cenard. Todavía tenía edad de Quinta, me quedaba un recorrido importante en el fútbol”, relata el medallista de bronce olímpico en Seúl 1988 y figura durante más de una década -fue capitán durante siete años- de la Albiceleste. Como DT, además, fue multicampeón en Brasil y ganó más de 15 títulos con Bolívar. Mal no le fue.

Javier Weber fue bronce olímpico en 1988.

– ¿Dudaste en algún momento de si habías elegido bien?
– La duda siempre estuvo. En ese momento tenía 18 años, ya había debutado a los 15 en la Primera del vóley. En los dos deportes había pasado por todas las categorías, viajando por todas las canchas y aposté por lo que más pasión me daba a la hora de jugar. Con el diario del lunes es más fácil, pero no me arrepiento de nada.

– ¿Hoy en los picados todavía vas al arco?
– El año pasado, cuando empezamos a vivir acá en Bolívar, jugué de nueve en el torneo de veteranos y me desgarré. Después fui al arco y de vez en cuando lo hago. Me apasiona, es un puesto que tiene sus secretos, muy ingrato. Hay que estar pendiente de salvar a tu equipo constantemente.

– ¿Qué Weber es mejor? ¿El jugador, el técnico o el arquero?
– Nooooo, no sé cuál. Creo que en toda mi carrera lo que hice y hago en los tres roles es intentar ser mejor cada día. Cuando dejé de jugar no me costó, porque no me quedé con nada. Pero vamos a poner que mejor arquero, je.

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