[ESPECIAL] El bronce de la Generación 82 bajo la dictadura: “Los viajes eran un salvavidas y jugar, un momento de libertad y gloria”

Por @SantiagoGabari – La Generación 82 que se colgó la Medalla de Bronce en el Mundial 1982. Tal vez por el significado deportivo, tal vez por la escasez histórica de resultados, muy pocos recuerdan que ese Mundial lo organizo la dictadura, la misma que utilizó como bandera el Mundial 78. Para entonces el régimen tenía los días contados, la Guerra de Malvinas que estalló el 2 de abril (el Mundial se disputó del 2 a 15 de octubre) fue su última gran herramienta para perdurar en el poder. Esa Generación de jugadores, todos jóvenes de entre 17 y 22 años, también tienen sus historias… Una historia que exige Memoria, Verdad y Justicia y que Voley Plus entiende que debe ser contada y recordada para toda la vida.

ESTEBAN “MONO” MARTÍNEZ 

Me tocó formar parte de un grupo de adolescentes, muy chicos, que estábamos puestos en un clima muy diferente a lo que era el día a día de Argentina. Estábamos mucho tiempo viajando al exterior sin vivir la realidad de nuestro país. Incluso terminó el Mundial y a la semana viajé a Italia porque días antes, previo a jugar con China, recibí la oferta de Modena. Entonces tampoco vivencié el proceso posterior en el país. 

Es difícil entender hoy por qué o cómo no entendíamos lo que sucedía en ese momento. No tengo recuerdos de que ser jugador de Selección nos haya ayudado, porque nos hicimos conocidos desde el Mundial, una vez que ganamos la medalla de bronce. Todo lo que viví en esa época parecía natural.

Personalmente tuve dos episodios violentos. El primero fue un año antes del Mundial (19/20 años) camino a Necochea, mi ciudad, que la conocía de memoria. Llegaba manejando a las 2 de la mañana, entro por diagonal San Martín y giro en Calle 22 camino a casa de mis padres. A las pocas cuadras un Torino se me cruzó adelante, bajaron dos tipos, me pidieron documentos y me llevaron a la seccional. La excusa era que estaba en contramano, pero que no era cierto. Yo conozco Necochea de memoria. A las horas mi viejo me fue a buscar, y cuando me iba, los dos comisarios que me habían detenido, me dijeron: “¿Ves estas dos caras? Recordalas porque las vas a tener bien cerca”. 

Empezamos a darnos cuenta recién en 1982 cuando estaba cayendo la dictadura. Previo a eso, sabía la gente que tenía algún conocido desaparecido. El resto, eran solo rumores o comentarios. Nosotros, particularmente, estábamos en un ambiente más cuidado, muy concentrados en un objetivo, y los viajes eran el salvavidas para salir de la verdadera realidad. 

Ahí tuve otro episodio violento que se vuelve más fuerte con el tiempo, porque ahora sabemos todo lo que realmente pasaba. Manejaba por Libertador y General Paz cuando oigo sirenas y acelero para dejar pasar lo que pensé que era una ambulancia. Pero resultó ser la policía. Nos bajaron, pusimos manos contra el capot y ellos la itaka contra nuestra cara. No se qué pasó, no me acuerdo quién fue, pero alguien avisó quiénes éramos y ahí nos dejaron seguir. 

Recién durante los últimos partidos en el Luna Park –la historia cuenta un inolvidable suceso ante China, previo a las Semifinales con la URSS, donde se dio la primera gran explosión pública de la gente-, que mientras entrábamos en calor debajo de una tribuna, a minutos de salir a la cancha, la gente explotaba contra la cúpula militar que se sentaba en la platea. “Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”. Era un grito unánime de más de 12 mil personas que saltaban y hacían temblar las tribunas. Créanme, se movía todo. Era muy fuerte lo que vivíamos antes de cada partido. 

Usábamos esa bronca de la gente para aliarnos y tener más fuerza. Esos gritos a estadio lleno, una convocatoria que nunca nadie hubiera imaginado, generó una unión muy fuerte con la gente. No recuerdo otro momento, en ningún ámbito, de tal feeling. El equipo en el Mundial fue la sociedad. Salíamos a jugar y era un momento de libertad y gloria. Salir a defender la celeste y blanca nos generaba más adrenalina y más respeto por el país hermoso que tenemos. 

Hay que no olvidar estas cosas, tienen que quedar siempre en todas las generaciones. 

ALEJANDRO DIZ

Tenía 17 años cuando jugamos el Mundial 82. Había muchas cosas que por entonces no entendía. Tampoco me tocó vivir episodios particulares y todo lo que se sabe hoy en ese momento no se sabía. Para mí, ese momento, fue ser parte de un equipo que tenía un sueño, un objetivo. Era muy chico.

Sabíamos que pasaban cosas, pero no sabíamos qué pasaba y tampoco la magnitud. Pero ese año puntual, vivimos totalmente metidos en lo deportivo. No nos enterábamos de casi nada. Era como vivir en una burbuja.

El 1983 me fui a jugar a España, épica post Franco, entonces el foco era otro, no Argentina. Podían verse algunas repercusiones diferentes a las que había en Argentina y que uno se enteraba por la familia, pero era muy poco. Después me fui a Italia, donde me radiqué, y con el tiempo cada vez se supo más. Pero cuando se dio el golpe tenía 11 años y con el Mundial tenía 17, entendía muy poco, de todo. Teníamos la cabeza en los entrenamientos, partidos, en el grupo. El resto no lo vivíamos con intensidad.

CARLOS GETZELEVICH

Recuerdo los cánticos de “se va acabar, se va acabar, la dictadura militar” o “el que no salta es un militar”. Era un momento donde la gente sentía la necesidad de expresarse de esa manera en contra del régimen militar y lo hacía notar. Nosotros no tuvimos en nuestro proceso acercamiento a los militares. Pero recuerdo que en marzo de 1982, antes de ir a la gira por Asia, casi no viajamos porque teníamos la edad para que nos lleven a la Guerra de las Malvinas. Por suerte la Confederación hizo gestiones y pudimos realizar esa gira de 60 días por Japón, China y Taiwán. Incluso estaba programado Hong Kong, que era isla británica, y no fuimos.

CARLOS “BUBY” WAGENPFEILD (Capitán)

Yo estuve en ese momento que fuimos a la Casa Rosada para cumplir el protocolo de saludar a la Junta Militar, con Reynaldo Bignone como Presidente, por ganar la medalla. Uno de mis mejores amigos era sobrino de él. 

Nosotros entrenábamos 6 horas por días, sabíamos que había una dictadura, pero estábamos en otra cosa. Esa visita protocolar habrá durado media hora, fueron segundos delante de él cada uno, pero no lo vivíamos como algo de magnitud.

A mí me paraban mucho. Tenía un 128 con escape libre y entonces me paraban mucho. Era un chico de universidad privada, deportista, con auto que el escape hacía ruido, y me parecía normal que me paren para revisar y pedir documentos. La preocupación mía y de quienes venían en el auto, era que no nos roben las zapatillas que lográbamos que nos traigan de afuera. No sabíamos que la policía y los militares estaban liquidando personas.

Sentíamos lo que pasaba cuando estábamos de gira por Europa o Asia. Ahí se veían manifestaciones en contra de Argentina y se veían realidades en los medios que acá eran diferentes. Pero teníamos la cabeza solo en el deporte. Vivíamos otra realidad. Cuando se declaró la Guerra de Malvinas, la gente salió a festejar. Al poco tiempo empezamos a darnos cuenta.

Esa Guerra que se perdió fue el disparador para empezar a entender y ver. Estábamos en Japón y leíamos que nos estaban matando. Pero acá decían todo lo contrario. Nos mentían todo el tiempo, pero nosotros lo vimos cuando pudimos salir del país. ¿Por qué íbamos a pensar otra cosa? 

Una vez me llevaron preso porque había ido a ver a Boca y mientras esperaba a un amigo que jugaba ahí, me pidieron que me retirara y yo no quise, porque era libre. Pero mi interpretación era que me llevaron porque no hice caso.

Desde la guerra, y con los cantos en el Luna Park, empezamos a darnos cuenta. Nos llenaba de orgullo el aliento de la gente con el estadio repleto de gente.

JON URIARTE

El día que salimos terceros cumplí 21 años. Me regalaron el canto de cumpleaños arriba del micro cuando salimos del estadio. Pero antes, el día que tomamos Malvinas, nosotros salimos de gira por Asia. Allá veíamos el contraste, porque la estábamos perdiendo. Pero desde Argentina nos contaban que estábamos ganando. Ahí en las giras era todo muy fuerte: veíamos por los noticieros cómo volaban los cohetes en Malvinas. 

Las tribunas del Luna Park explotaban. Se movía todo el estadio con el grito de “El que no salta es un militar”. La información era poca y distorsionada, y no era temática de grupo lo que pasaba en el país. Yo tenía la percepción de algunas cosas y me interesaba, pero estábamos enfocados en el equipo, en entrenar, jugar y llegar lejos.

Mi vivencia cercana era en el colegio. Iba al San Martín de Tours, en una época donde se alejaron los párrocos asuncionistas y trajeron una línea de españoles franquista. Sumado a ello mi padre es vasco y militante, por ende cuando vinieron empecé un recorrido personal muy crítico contra la Iglesia. Ahí veía que algo pasaba, se decía que una había desaparecido y en los chicos más grandes notaba cierta tensión.

LEONARDO WIERNES

Eran otro tiempos, es difícil entenderlo fuera de contexto. Con el tiempo uno mismo toma consciencia de lo nefasto que fue la época. Lo nefasto que fue el Mundial 78. Argentina era una población manipulada y engañada. Los chicos que llegábamos del interior éramos muy ignorantes. Los que eran más de izquierda, elegían cuidarse del tema y con el tiempo lo entendí. Éramos muy pibes y nos pasaba desapercibido todo lo que sucedía. Ni en ese momento, ni después, ni ahora, hemos hablado nunca entre los muchachos de ese plantel sobre lo que sucedía.

Me tocó estar en esa visita protocolar a Casa Rosada y tengo fotos dándole la mano a Bignone… y ahora que soy consciente me da ganas de quemar esa parte de la historia. Recuerdo ver caras de orto (Sic) de algunos compañeros y de algún entrenador. Yo le miré la cara, con respeto, sin admiración, porque era el Presidente. Era ese Presidente, no era el que supimos después que realmente fue. En esa época, el manejo de la información era de arriba hacia abajo, desde el Presidente de la Confederación hacia abajo: “de esto no se habla”. Nosotros éramos un grupo de pendejos enfocados en jugar al voley.

Empezamos a darnos cuenta con los viajes. En la época de la Guerra de Malvinas nosotros recibíamos información de que no había ninguna posibilidad de ir ganando. Viajábamos mucho a Estados Unidos, Europa, Asia y no había forma de creer de que estábamos ganando. Pero no había grandes manifestaciones de que era una mentira tampoco. Mucho tiempo después supe que, por ejemplo, Velasco no salía en las fotos de Argentina porque le venían soplando la nuca desde La Plata, tuvo incluso un hermano desaparecido. 

La experiencia más cercana que tuve fue durante una concentración en Junín de Los Andes. Estábamos en un destacamento militar y los milicos nos dieron una explicación técnicade cómo perdimos las islas. Estábamos indignados porque sin saber mucho nos dábamos cuenta de que que estábamos preparados para la guerra, los militares no estaban preparados para defender un monte.

Pero insisto, teníamos la cabeza solo en jugar al voley. Cuando llegó el Mundial, era increíble. Entrábamos al Luna Park, explotado, y no entendíamos nada. Teníamos nervios y tal vez miedo, nunca nadie imaginaba que podía pasar un evento masivo de ese tipo. Muchos menos que tendríamos tanto apoyo. Era el desahogo de toda la sociedad.

Fueron años de adoctrinamiento, no de educación. Pero el tiempo cambió, y al margen de ideas políticas, esa gente no vuelve más. 

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