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El problema del vóleibol argentino es estructural

Dicen que los hijos tienden a repetir patrones de los padres, aunque incluso no seamos conscientes. Freud lo llamaba “Compulsión de repetición” y el psicoanálisis le ha dedicado basto tiempo y escritos a este suceso que ocurre en cada ser humano. Visto que las personas conforman diferentes organismos y que estos también repiten sucesos, consideramos que el problema del vóleibol argentino es estructural. Repite patrones que se dan en el ámbito público. Y no creamos que somos especiales, sucede en la mayoría de las instituciones de Argentina.

Una vez más, y desde hace muchos años, la Liga de Vóleibol Argentina se encuentra parada ante un umbral de incertidumbres. La nueva justificación es la pandemia de la que se habla las 24 horas. El COVID-19, uno más de tantos coronavirus, obligó a todo el planeta a fijar sus vistas en un objetivo común: frenar la propagación, que no se acumulen pacientes y tratar de que se muera la menos cantidad de gente posible. En materia económica, todo gira en torno al virus. En una competencia cuya raíz es el aporte público, estamos jodidos. Sí, más jodidos que ayer y, con esta estructura, menos que mañana.

Sin ser necesariamente conscientes, el ser humano reitera sucesos que tal vez no quiere. Generalmente nos pasa porque queremos conseguir un resultado diferente al que ya conocemos. Años y años debatiendo sobre qué modelo de Liga, qué formato de competencia, qué objetivos.. y resulta que el punto de partida siempre es el mismo: no hay plata. Sucede tanto para la Liga masculina como para la Liga Argentina Femenina. Paréntesis, ¿en serio todavía tenemos un certamen de hombres que se adueña del voley argentino “Liga de Vóleibol Argentina” y una liga femenina a la que debemos diferenciar desde su concepción “Liga Argentina Femenina”? Pero será otro debate al que los invitamos también a escribir para publicar en nuestra nueva web.

Volvamos. Más allá de que se busca generar un producto mejor, superador al anterior, resulta prácticamente imposible cuando se repiten patrones. Se repiten patrones porque las decisiones son tomadas por personas, siempre las mismas, cuya base emocional será siempre la misma. Y cuando se llega al resultado es cuando aparece de manifiesto que, otra vez, nos ha pasado lo mismo. Entramos en un círculo vicioso. Otra vez “nuestro problema es que no hay plata”, entonces se despedaza la liga.

“¿Qué culpa tenemos de que en Argentina no haya plata?”, “Después del desastre que hizo el Gobierno anterior (#NoImportaCuandoLeasEsto), del país que dejaron, gracias que todavía habrá Liga”, “Vamos a ver cómo evoluciona el mercado y veremos qué se puede hacer”. Nunca asumimos la responsabilidad. Siempre es mala suerte. Siempre es culpa de la economía del país. Y si siempre es culpa de la economía del país, ¿por qué no buscar que el eje sea otro? La economía del país seguirá ahí, a veces un poco mejor, pero siempre jodida, ¿o acaso no miramos para atrás y vimos la película decena de veces?

Si no tenemos jugadores/as de 2 metros de altura, ¿nos retiramos de la disciplina o trabajamos para jugar lo mejor posible con lo que tenemos? Está claro que elegimos la segunda opción y de allí que el/la voleibolista argentino/a, década tras década, se destaca por ser técnicamente muy bueno. ¿Saben por qué? Porque descubierto el foco de conflicto (SIC, no tener abundancia de atletas con altura que eligen el vóleibol) se cambió el paradigma y se puso foco en aprender a jugar y a tocar la pelota. ¿Acaso no se puede hacer lo mismo puertas para adentro? 

La compulsión a la reiteración nos empuja a un círculo vicioso que llegó para quedarse y del cual, por más que intentemos año tras año, seguirá presente. Y es lógico, ¿acaso estamos cambiando algo de raíz? Para cambiar hace falta ganas, hace falta intención, hace falta ocuparse y ponerle cabeza. Hace falta reinventarse, hace falta que la raíz emocional cambie.

Tal vez llegó el momento de cambiar el paradigma sobre el cual se piensa a la Liga, sin importar de qué rama hablamos. Pero para ello hay una sucesión de pasos previos que son inevitables. Hay que tomar conciencia de cuáles son esos motivos o patrones que nos llevan al fracaso de tropezar siempre con lo mismo. La FeVA o la ACLAV deben tener en claro qué quieren cambiar, cuáles son las consecuencias de seguir en el mismo camino, entender por qué se producen esos conflictos y dónde se originan. Hay que buscar nuevas formas, nuevos comportamientos. Si en lugar de esconder debajo de la alfombra reconocemos esas decisiones que nos llevan cada inicio de temporada a no saber cómo reflotar la Liga, una vez más, entonces será más fácil crear nuevos mecanismos de trabajo y de toma de decisiones. “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, decía Einstein. Una frase hecha que probablemente usó más de un entrenador a la hora de querer romper un bloqueo, sin suerte, en reiteradas ocasiones. En consecuencia, podrían cambiar muchas cosas. La forma en la que se toman las decisiones, las formas en las que se debaten soluciones, los ejes sobre los cuales se decide llevar al vóleibol argentino, incluso los actores protagónicos de las decisiones o los secundarios, aunque no sean parte activa de la Federación o Asociación que organiza la competencia en cuestión. Ningún cambio es fácil, salir de ese confort mentiroso mucho menos, porque es el que conocemos y el que, mal que bien, existe. Pero es necesario reiterar los nuevos patrones para emprender el camino del cambio y del aprendizaje, constante, que abrirá puertas a nuevas ideas y, en este contexto puntual, a nuevas personas que quieran sumarse y aportar.

La “compulsión de repetición”, decía Freud, puede ser positiva o patológica. Se puede aprender o pueden aparecer una vez más los mismos traumas. Esto depende pura y exclusivamente de la ocupación que cada uno le ponga a querer cambiar o dejarlo todo como está.

Claro está, hay cuestiones que serán inherentes a la toma de decisiones. Nadie pudo saber que venía una pandemia que rompería toda estructura económica. Pero ojo, caer en la trampa es fácil porque la autocrítica es un patrón que muchos no conocen, incluso dentro de los organismos madre del vóleibol argentino. A no echarle la culpa, de la realidad económica de cada equipo de la LVA de ACLAV, a este coronavirus que nos mantiene encerrados. Las deudas empezaron al mismo tiempo que se abrió la temporada. El vóleibol argentino ha visto desaparecer equipos, y campeones, durante todo su proceso, en teoría, profesional.

Lectores, el voley argentino está en Argentina. Y si en tiempos de crisis sanitaria vamos a levantar la bandera de la salud pública, la cual reivindico y agradezco, pues entonces llegó el momento de cambiar el paradigma: hay que obligar al desarrollo de nuestras bases, el desarrollo de nuestros jugadores y de todo personaje que haga al vóleibol argentino. Hay que romper los amiguismos, hay que romper esa viveza criolla de la cual algunos están orgullosos. Hay que terminar con estos patrones que nos vuelven a empujar a este círculo vicioso al cual no le vemos la salida. Y esto no implica que no puedan existir los UPCN o los Bolívar. Significa que donde no funciona, hace falta cambiar el mazo de cartas.

Si empezamos desde el lugar equivocado, una y otra vez, y pretendemos tener resultados diferentes coaccionando desde las mismas emociones, entonces, el problema, es estructural.

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